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Identidad Judía: Una larga conquista

 

Cuenta el Midrash que estuvo D"S con Moisés, 40 días y 40 noches, y le entregó en sus manos las dos tablas de la ley; al bajar Moisés de la montaña, se encuentra con que su pueblo ya adora otro dios: el becerro de oro. Así, justo en el preciso momento en que entrega D"S las Tablas de la ley al pueblo de Israel, éste le da la espalda al Todopoderoso, arrodillándose ante una estatua de oro.
El Midrash acude a una alegoría. Y nos dice que las lujot medían seis puños. Siendo así que la mano de Moisés completaba dos puños del total y que D"S abarcaba asimismo otros dos puños. Y lo que quedaba en el medio era un espacio para ser tomado por otros dos puños, pero que nadie tocaba.

Así, frente a tan dramática situación en la cual en pueblo Judío profanaba la ley, quiso D"S quitar a Moisés las tablas, pero sucedió que Moisés hizo una gran fuerza de oposición y lo impidió. Finalmente, tras haber logrado Moisés quedarse con las dos tablas de la ley, las rompió. Entonces D"S le dijo con énfasis: "¡Jazak veematz she shivarta!". Es decir, que elogiaba su acción de haber roto las tablas.

Eterno compromiso

La entrega de las Tablas de la Ley simbolizan el anillo de kidushim, de boda, que daba D"S al pueblo judío, representado por Moisés. Podemos tomar esto como cuando un hombre va a colocar el anillo a su prometida para establecer un compromiso de boda. Y es como si justo en ese momento la sorprende en adulterio, que es la postración ante en becerro de oro.
D"S forcejea para quitarle las Tablas, como si el hombre de nuestra metáfora se negase a entregar el anillo. D"S quiere entonces retractarse de consumar la boda ya que su pueblo es adúltero. Pero sucede que Moisés no le permite la retractación, y una vez asegurado de la posesión de las tablas, es el propio Moisés que las rompe.

Si retomamos nuestra pregunta por en mensaje de este importante fragmento, vemos que la actitud de Moisés determina la vigencia del casamiento entre D"S y el pueblo Judío, y que éste es un compromiso ya adquirido y que deberá persistir por la eternidad. Y así será aun cuando quepa la posibilidad de que en el futuro vuelva nuevamente en Pueblo de Israel a darle la espalda a D"S y se arrodille ante otras deidades o asuma otros valores.

Por ello, elogia D"S a Moisés cuando rompe las Tablas dado que a partir de este hecho el pueblo no podrá devolverlas. Esto quiere decir que ya no es posible el arrepentimiento. Y quiere decir también que D"S queda comprometido con el pueblo de Israel por la eternidad.

El Sinaí fue el manto

Ahora bien, todos sabemos que después de los kidushim viene la jupá. En esta se cubre a los contrayentes con el manto ritual. Nos preguntamos entonces, ¿Cuál fue el manto con que cubrieron a los judíos cuando recibieron la Tora? La respuesta es: el monte Sinaí.

Sucedió, nos dice el Midrash, que levantó D"S el monte, lo puso sobre las cabezas y cubrió así al pueblo entero. Y les dijo: "¡si van a recibir la Tora, está muy bien... pero si se niegan a recibirla, soltaré la montaña y acá morirán!" Y entonces recibió como respuesta del pueblo: "¡Naasé venishmá!" ( ¡Haremos y escucharemos!) O sea que recibieron la Torá.

Y es así que nos preguntamos ¿Qué significa esto: que D"S les pone la montaña sobre la cabeza y si no le obedecen, los mata? Es muy útil detenernos aquí en la explicación que al respecto nos brinda el Maharal de Praga. Sostiene este filósofo judío en su interpretación, que no es que D"S los haya amenazado, sino que simplemente los presionó. Y no les dio alternativa, ¿Por qué? Porque ellos no tenían dudas sobre la existencia de D"S.

El descreimiento es de tiempos más recientes y en los que no se ha tenido la vivencia de haber experimentado a D"S. A aquellas generaciones no les acontecía esto pues les contaba la existencia de D"S. Habían vivenciado y visto con sus propios ojos los milagros en Egipto.
En cambio, hoy en día hay gente que se pregunta, por ejemplo, dónde estaba D"S después del Holocausto. Y, junto al judaísmo, se ofrecen también otros caminos a la gente. Estos caminos significan alternativas. Y por lo tanto, originan dudas.

En cambio, el pueblo judío de aquel entonces no tenía otra alternativa: con tantas maravillas y milagros que vivió, D"S no le dejaba lunar a dudas. Tal es así, que el pueblo lo acepta al responder ¡naasé venishmá! ("Haremos y escucharemos"). Es decir que responden al Altísimo diciéndole algo así como " estamos tan seguros de que vos sos la verdad, que la cumpliremos, y luego escucharemos lo que vos quieras". Este es, en resumen, el casamiento de D"S con el pueblo de Israel.

Una boda de 6000 años

Sabemos que este casamiento es por toda la eternidad. Veamos ahora: si la ceremonia de la boda entre un hombre y una mujer que van a vivir juntos, digamos, unos setenta años, dura aproximadamente media hora, ¡cómo nos ha de llamar la atención que un casamiento por toda la eternidad, como lo es el compromiso entre D"S y el pueblo de Israel, tenga una duración de... 6000 años! Esto es lo que nos dice el Midrash.

Y podemos ver, según la Guemará, un primer período que es de 2000 años que se cuenta a partir, justamente, de la entrega de la Tora en adelante. Y finalmente, un tercer período de 2000 años, que estamos transcurriendo, ya que el mundo tiene 5755 años (*), que comienza con la trágica destrucción del segundo Templo y que es la época del Mashiaj. Y en este período de 2000 años, dice la Guemará que es tiempo en que D"S se va a alejar de nosotros. Se esconderá y no lo veremos.

Es por ello que en estos tiempos muchos se preguntan ¿Dónde se hace realmente el bien? ¿Dónde hay justicia? O ¿Dónde hay amor?. Triunfan a veces los malvados y fracasan los buenos. Y con incertidumbre nos preguntamos ¿A dónde está D"S? Se halla oculto y no lo podemos ver, pero ¡está!.

El compromiso de la otra parte

Estamos viviendo en el período de los 2000 años previos a la llegada del Mashiaj. Es un tiempo en el que D"S se oculta y espera que la boda culmine. Esta boda que dura 6000 años y se extiende como compromiso por toda la eternidad. Una boda que comenzó en el Monte Sinaí con la entrega del anillo y de la jupá; es notorio que D"S ha demostrado su deseo de casarse con Israel pero, como en toda boda, es necesario que también concurran de igual modo de deseo y la voluntad del otro contrayente, en este caso, el pueblo Judío.

Así, D"S entregó ya el anillo (las Tablas de la ley) y falta todavía que el pueblo haga lo suyo: que verdaderamente acepte ese anillo y que demuestre su voluntad de casamiento.

Es éste tiempo en el que D"S se nos oculta y nos abandona. Sufrimos y no tenemos a quién reclamarle. Mueren seis millones de judíos y seguimos apegados a D"S. Es el tiempo en que D"S nos pone a prueba. Y así como D"S aceptó al Pueblo de Israel en las peores condiciones, cuando adoran el becerro de oro, así debe también el Pueblo de Israel aceptar a D"S aún cuando esté en las peores condiciones.

D"S quiere comprobar si realmente queremos seguir o no con Él. Si en otro tiempo estuvimos a prueba por Él, somos nosotros ahora quienes tenemos que probarlo a Él. Es por ello que se aleja de nosotros, posibilitando así nuestras dudas. Y posibilitando que, teniendo la posibilidad de cometer errores, aún así, elijamos a D"S.

Es decir que esta boda tiene que sumar un vívido consentimiento también por la otra parte. Ahora somos nosotros quienes debemos aprobar el casamiento. Y a pesar de que D"S cambió su forma de ser, que nos abandona y nos hace sufrir, nosotros tenemos que aprobar el casamiento. Es una constante de la historia judía el alejamiento de D"S, pero éste es el mensaje: debemos ser nosotros quienes ahora elijamos nuestro compromiso con el Altísimo.

El pacto eterno

Hay un versículo y una profecía en el libro de Iejezquel que dice que el pacto fue eterno y que D"S no nos dejará escapar. Que por las buenas o por las malas, buscará siempre la forma de que su pueblo se acerque a Él. Y, para ilustrar esta relación se ha considerado la metáfora del científico y las hormigas: tenemos a un experimentador que les coloca un trozo de pan cercano a ellas. Hacia este se dirigen, entonces, las hormigas. Ahora bien, conforme el científico va alejando el pan en sucesivos procedimientos, las hormigas siguen hacia éste mientras lo tengan en su campo visual. Cuando llegada la ocasión el pan no sólo se halla alejado sino que es oculto, entonces, las hormigas ganadas por el desconcierto se marchan y toman diferentes caminos. Finalmente no llegan al pan, y mueren de hambre.

En cambio, D"S no quiere que su rebaño muera de hambre, sino que efectivamente llegue el pueblo a comer su pan. Y por eso cuando los hombres, como las hormigas del ejemplo, encaran otro camino, les pone un vallado que les impide continuar por el desvío. No podemos hacer lo que nosotros queremos, siempre hay alguna valla que nos detiene; continuamente comenzamos nuestra búsqueda por diversos caminos y nos topamos allí con insalvables obstáculos que nos impiden seguir por ellos. El fuego, el agua, el sufrimiento, están allí como difíciles vallas a sortear. Y debemos entonces, retroceder, para retomar en correcto camino trazado y obtener el pan.

A lo largo de la historia, en esta era de 2000 años del Mashiaj se ha alejado D"S de nosotros, ocultándose. D"S quiere ver cómo reaccionamos cuando Él no se nos revela y no hay milagros. Desea comprobar si sabemos hallarlo. Que quede claro: no estoy hablando de castigos. Las tragedias que constantemente sufrimos a través de la historia no fueron castigos. Pero estamos tratando de descubrir el aspecto positivo en las desgracias experimentadas por el pueblo de Israel.

El Maharal considera que estas trabas, o vallas, son avisos para que no continuemos por el camino equivocado y volvamos a encontrar nuestro pan, o sea nuestra vida en el camino que Él nos marcó. Por el bien, o por el mal, D"S nos hará retornar a Él. Si retornamos por el sendero correcto no habrán obstáculos, pero si no lo retornamos por nuestra voluntad, será entonces D"S quien nos ponga obstáculos en el camino. Pero, finalmente, vamos a encontrar el camino.


Después del holocausto


La peor tragedia que le ocurrió al pueblo Judío fue la Shoa, el Holocausto. A lo largo de toda su historia, el pueblo judío se replanteaba su identidad. Y a esto se refiere también Paul Jhonson, autor del libro "La historia de los judíos" cuando afirma que, si bien cada vez que el pueblo judío sufría una tragedia se reformulaba su identidad, ha sido el Holocausto lo que condujo a un drástico replanteo sobre su destino. Y nosotros vemos que sólo después de la Shoá, se pudo crear el estado de Israel. Y éste representa la conclusión a la que arribaron los judíos como única solución para el pueblo Judío, que es la de vivir de acuerdo a su propia identidad. En las tragedias anteriores, reaccionaba nuestro pueblo.

Rab Isaac A. Sacca

CONTENIDO SUPERVISADO POR EL GRAN RABINO DE LA COMUNIDAD SEFARADI DE ARGENTINA - ISAAC A. SACCA