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La Familia

 

Nuestra familia, nuestra fuerza

La  base de la personalidad es establecida en los primeros años de vida. Nuestros sabios nos dicen “escucha la enseñanza de tu padre y no te apartes de la Torá de tu madre. ¿Qué es la “Torá” de la madre y por qué específicamente la madre y no el tutor o maestro? 

Lo que determina cuan exitosos somos como padres no es cuan inteligentes sean nuestros hijos; sino cuanto podemos aprender a amarlos incondicionalmente. Esta es la Torá de la madre, y esto empieza en el día 1. Nuestro desafío es amar un bebé, el cual no puede aún retribuirnos ese amor.

Nuestro rol como padres es colmar al bebe de afecto y criarlo sosteniéndolo y abrazándolo, ocupándonos de sus necesidades, y estando allí para el, día y noche.

Para poder transmitir nuestros valores a nuestros hijos, debemos establecer un vínculo sólido que los motive para aceptar nuestras enseñanzas. Ellos deben apreciar a sus padres como gente valiosa, y nosotros los incentivamos a ellos estableciendo una relación de amor. Esta relación comienza en la infancia.

Mientras  más queremos a nuestros bebes, mejor estarán. La relación que establecemos a través de este amor dura por siempre. Y el niño aprende como crear relaciones de amor cercanas cuando crece.

La recompensa de una madre por el hecho de dar desinteresadamente es que el niño la ama sobre todas las personas y reserva aquella sonrisa brillante de reconocimiento solo para ella. Los chicos en instituciones  en las cuales han sido cuidados por una continua cambiante cantidad de gente, le sonreirán a cualquier persona. Ellos muestran lo que pareciera ser una tremenda “independencia”, no teniendo ningún cariño particular a nadie. Pero por causa de esta deprivación de amor, el chico carece de la experiencia de un vínculo específico temprano en su vida, ellos tienen dificultad en desarrollar relaciones cercanas luego. Estos chicos usualmente se tornan en adolescentes problemáticos y, inclusive más, adultos problemáticos.

Uno puede pensar que cualquiera puede criar a  un bebé.  Lo único necesario es ponerle una mamadera en su boca, cambiar sus pañales y lavar su rostro. No le importa al bebe quien lo está sosteniendo, siempre y cuando sus necesidades físicas estén siendo adecuadamente satisfechas. Tal vez, uno podría cuestionarse en una situación en donde  se cambia de niñera cada mes cuando el chico es “ lo suficientemente grande para entender la diferencia”, pero en el caso de un bebe, ¿por qué preocuparse?

Esta actitud ha llevado a abrir gran cantidad de centros de guarderías que aceptan bebes tanto como de 2 semanas y madres retornando al trabajo cuando apenas se han recuperado del parto. Desdichadamente, la sociedad ha comenzado a sentir los efectos de estas practicas perjudiciales. Ciertas investigaciones recientes relacionan una de las causas del incremento de violencia en nuestra sociedad con el número de chicos en cuidado inadecuado. Otros investigadores han mostrado que la agresión y la violencia resultan de la falta de amor en la infancia.

La seguridad de un chico surge al saber que puede depender de su madre. Un bebe pequeño no distingue entre el y su madre; si su madre desaparece, reemplazada por una colección de niñeras full-time, esto sacude la definición de quien es él.

El  lugar más natural para un bebe en su primer año de vida son los brazos de su madre. En ningún lugar del mundo puede sentirse más seguro que cercano al cuerpo en donde él creció, cercano al ritmo familiar de los 9 meses de sentir sus latidos y respiraciones. Ningún otro sonido puede ser tan confortante. Di-s determino que la madre debe ser la principal tutora de un bebe, y es una experiencia increíble que las mujeres deberían resistirse a dejar pasar. El placer que una madre siente en su relación cercana con su bebe no pueden ser obtenidas en ningún otro éxito del mundo.

Aquellas mujeres que se separan de sus bebés muy tempranamente para regresar a sus trabajos encuentran esto como una dificultad. El sueño de tener tanto un bebe como una carrera, de tener todo, ha resultado ser solo eso, un sueño. La lucha por ocupar su lugar en el mundo laboral ha fracasado. Especialistas en chicos, tal como Dr. Benjamín Spock y Penelope Leach llaman a la sociedad para reafirmar la prioridad de la crianza paternal de los niños.

Nadie puede cuidar a su bebe como su madre. Tristemente, aquellas mujeres que deciden quedarse en casa, son consideradas como aquellas que sacrifican sus carreras y sus futuros. Una carrera significa autorrealización; sin autorrealización, uno se pregunta: ¿Cómo puede una mujer ser feliz?

En una conferencia, un cierto Rab hablo sobre el rol de la mujer judía en la sociedad. Eventualmente una de las  mujeres presentes preguntó que hacía su esposa. Él les dijo a ellas como su esposa había fundado un refugio para chicos. Habló un largo tiempo acerca de los 8 niños que ella cuidaba, como les cocinaba sus comidas diarias y como se ocupaba de que estuviesen bien vestidos, como los ayudaba en sus tareas escolares.

Él contó como, si no fuera por ella, estos chicos estarían sin techo. Ella les daba el entorno de afecto que ellos  necesitaban de manera que no se serían como aquellos miles no deseados jovencitos, descuidados de chicos, que en su adultez pueden terminar siendo criminales. La audiencia fue conmovida por las palabras del rabino reconociendo a esta mujer como valiente y trabajadora.

Cuando los aplausos cesaron, el rabino agrego, “Por cierto, estos 8 chicos son nuestros”.

Que sociedad contradictoria nos rodea. Si los chicos son de otra persona, esto es más elogiado. Si nos pertenecen a nosotros, por ocuparnos de ellos nos tornamos en un recurso perdido.

La paternidad es una profesión la cual la gente ha dejado un poco abandonada simplemente porque no hay un pago adjunto. Nosotros respetamos al director de un refugio de chicos abandonados; así debemos respetar a aquella mujer que hace de su hogar un paraíso, no en menos categoría.

Los  años de  infancia transcurridos, de valor incalculable, nunca volverán. Es una perdida de nuestro tiempo de vida si no establecemos la relación adecuada desde un principio. Es muy difícil enmendar esta perdida más tarde.

Podemos hacer de nuestro hogar una prioridad. Manejar una casa es tan desafiante y autorealizante, como ninguna carrera puede serlo. Idealmente hablando,  esto requiere un total, dedicado esfuerzo, dejando otras prioridades para más tarde. Luego de que los niños hayan crecido, uno puede siempre ejercer otras actividades con dedicación.

Tal vez no todas elijan quedarse en casa con su bebe. Pero más pueden hacer esta elección de las que actualmente lo hacen.  Usamos las finanzas como excusa, pero a menudo el costo del cuidado de un chico equivale al ingreso que generamos trabajando Es posible arreglárselas con menos dinero para poder quedarnos en casa con nuestro bebe.  Y si somos creativas,  podemos encontrar a menudo caminos para suplir nuestros ingresos desde casa.

Los investigadores muestran que mientras menos tiempo una madre pasa con su hijo, menos paciencia le tiene, contrario a lo que uno podría pensar. Como en toda relación, lo que ponemos en nuestra relación con el bebé es lo que sacamos de esta. Si no pasamos tiempo construyendo un vínculo de amor cercano con nuestro hijo, no podemos esperar de él que construya este vinculo cercano con nosotros.  Esto será una pequeña reafirmación positiva para el trabajo de paternidad y una mayor frustración. Una madre que no paso el suficiente tiempo con su hijo, para saber porque esta llorando, no sabrá como ayudarlo a cesar de llorar, y puede terminar sintiéndose enojada, frustrada y fuera de control.

La noción moderna de calidad de tiempo versus cantidad de tiempo con un hijo ha sido refutada. La confianza y el amor son construidos a través de la experiencia conjunta. Un bebe no tiene concepto de tiempo; solo sabe que cuando necesitó de su madre ella no estaba allí. Una hora de atención concentrada no puede enmendar aquellas 5 horas que paso solo. Tampoco pueden un padre y  un hijo compartir la misma experiencia en una noche que lo que podrían haber compartido en un día entero.

Los adultos, tal vez, tienen la capacidad de saborear una hora disfrutada con alguien especial, almacenando las memorias para reforzarlas más tarde cuando están nuevamente solos. Los chicos, sin embargo, viven en el acá y ahora. Si no estamos con ellos acá y ahora, ellos experimentaran la vida sin nosotros.  Una vez que ellos, y nosotros,  estemos acostumbrados a estar uno sin el otro, comenzamos a construir nuestras vidas separadamente, en vez de juntos como una familia.  La unión de una familia empieza desde el primer momento, en la infancia.

CONTENIDO SUPERVISADO POR EL GRAN RABINO DE LA COMUNIDAD SEFARADI DE ARGENTINA - ISAAC A. SACCA