Los pronósticos son espantosos. Si nuestro uso de energía contínua en los niveles actuales, junto con las prácticas estándares en la industria, transportación, y quema de bosques, la atmósfera de la tierra continuará recalentándose, incrementando el efecto invernadero. Esto ocasionará probablemente un derretimiento significativo de los hielos que rodean los dos Polos e inundaciones masivas a lo largo del mundo. Además, el daño de la delicada capa de ozono de atmósfera, la cual nos protege de los rayos ultravioletas del sol, continuará.
Este daño puede conducir a 3 millones de casos nuevos de cáncer de piel y más de 15 millones de casos nuevos de cataratas en la primera década de este siglo. Todo esto en adición a la contaminación del aire y el agua, lo cual causa la acumulación de sustancias tóxicas en los cuerpos de animales y humanos. De esta manera, el ser humano puede destruir fácilmente la Tierra, inclusive sin una bomba atómica.
Un factor de considerable importancia es el promedio individual de consumo de energía el cual está incrementándose a un mayor rango que el crecimiento de la población, lo cual no solo reduce la fuente global de energía, sino que es la principal causa del recalentamiento de la atmósfera anteriormente mencionado.
El enfoque de la Torá
Cuando Di-s creó la primer pareja, Los bendijo, "llenen el mundo y conquístenlo" (Génesis 1:28). Conquistarlo puede ser con el propósito de la explotación de los recursos o por el descubrimiento.¿Cuál era la intención del Creador? Nuestros sabios responden esta pregunta: " cuando Di-s creo al primer hombre, lo puso alrededor de todos los árboles del jardín del Edén y le dijo, " Mira mi trabajo, que bello y selecto es...sé cuidadoso de no arruinarlo ni destruir mi mundo, porque si lo haces, no hay quien lo repare luego de tí". (Midrash Raba - Eclesiastes 7:13).
La Torá ve al hombre como encargado del orden y manejo propio del mundo. Por ende no podemos hacernos a un lado y ver cómo el mundo se destruye.
No destruir
El mandamiento de "no destruir" puede ser visto como consecuencia directa de nuestra custodia del mundo. En primero y principal, esto significa que somos responsables hacia el Amo del Universo para toda cosa de valor en este mundo. Toda destrucción gratuita, es un daño a la propiedad de Di-s. La destrucción de árboles frutales es explícitamente prohibida por la Torá. Esta prohibición es mencionada en el contexto del sitio de una ciudad, en donde los árboles son parte del territorio enemigo, en otras palabras, un marco en donde esperaríamos que la Torá prescindiera de tales consideraciones como la "santidad" de la vida vegetal.
De la prohibición explicita en contra de destruir árboles frutales nuestros sabios dedujeron que se encuentra aún más prohibido destruir las frutas en sí mismas. Este mandamiento de no destruir se aplica a ropa, edificios, comida, etc. Lo mismo se aplica al uso de combustibles en una manera derrochadora. Con lo cual la Torá anticipó nuestra campaña de conservación de energía actual.
Con respecto a la prohibición de destruir árboles frutales, hoy en día podemos observar la vital importancia de los árboles y su influencia en el clima, la tierra y la ecología entera. Esto nos permite ver la profundidad de la infinita sabiduría divina.
Una de las características de la naturaleza es la belleza: esta también debe ser preservada. Mientras que la Torá no explicita un mandamiento que nos comprometa a proteger la belleza, nos da una insinuación de que así es la voluntad de Di-s. El techo del Tabernáculo fue hecho de cortinas tejidas de hilo azul, púrpura y escarlata. La Torá requiere que estas cortinas sean cubiertas con una capa protectora de cuero: "La Torá nos enseña que uno debe ser cuidadoso con las cosas bellas".
Una de los más preciados regalos que tenemos es el cuerpo humano, el cual también necesita cuidado, ya que nos permite desempeñarnos en la vida. Esto esta incluido en la prohibición de "no destruir". La mitzvá de no destruir, engendra en nosotros una apreciación especial por toda la creación, animada e inanimada, convirtiéndonos en socios de Di-s, el cual nos creó a todos.
Contaminación
Cuatro molestias particulares están sujetas a la acción legal de acuerdo a la ley judía: fumar, olores residuales, polvo y aerosoles similares y vibraciones. Incluso que el vecino ofendido haya inicialmente consentido con la causa del problema, puede retractarse luego de su consentimiento.
Estas cuatro molestias son formas de contaminación, las cuales son fuente de gran preocupación hoy en día. En particular, la ley judía limita la proximidad a la ciudad de ciertas actividades industriales, para prevenir la contaminación ambiental en la ciudad.
Buscando las Fuentes de los problemas ecológicos de destrucción, ya sean industriales o consumistas, encontraremos que ellos yacen principalmente en el egoísmo humano. El aprovechamiento personal toma el lugar de prioridades. Como resultado, cada uno trata de expandir la esfera de su poder personal. Esto lleva a conflictos y escasez ocasionando una situación en donde el ser humano pareciera estar marchando hacia la aniquilación ecológica, a menos que encuentre una alternativa para esta orientación egocéntrica.
Pero si en cambio, tomamos nuestro rol como socios de Di-s en la Creación y nos unimos en pos de una meta en común en vez de priorizar nuestros deseos personales, podremos así cuidar mejor el mundo en el que Él nos dio a cada uno su lugar. Entonces tomaremos conciencia de la responsabilidad que implica ser Sus socios y por ende podremos preservar la belleza de nuestro planeta no solo para nuestro beneficio, sino para que puedan contemplarla las futuras generaciones.
Basado en: Innernet magazine del Profesor Yehudah Levi. |