Cosmología y astrofísica en tres midrashim
El primer libro de la Torá, Génesis (Bereshit), empieza describiendo la Creación del Universo. Existen muchas teorías científicas que intentan cuestionar el punto de vista de la Torá respecto a Briat Haolam (la creación del mundo). En los siguientes midrashim, comentarios bíblicos, analizaremos el mensaje oculto que encierra el texto bíblico y que nuestros sabios tuvieron la sabiduría para decodificarlo. Veremos como los avances científicos al respecto no tienen porque contradecirse con la Torá.
El primer midrash
Dijo Rabi Iehoshúa ben Leví: "Todas las obras de la Creación fueron creadas en su plenitud." (Talmud Babli, Masejet Rosh Hashaná, 11a)
Nadie ignora que uno de los conflictos más polémicos entre la ciencia moderna, en este caso la cosmología, y las religiones bíblicas en el cálculo de la edad de la Tierra. ¿5763 o 6.000.000.000 años? Este conflicto parece irresoluble y sería imposible reducirlo a una equivocación de cálculo científico o pretender que se trata de un aceptable margen de error en éste u otro cómputo.
En los últimos tiempos se han esgrimido numerosas respuestas, a veces acompañadas de sendas acusaciones o actitudes apologéticas, que no favorecen a satisfacer la sincera curiosidad de los hombres que buscan aproximarse a la verdad.
Por otro lado, más allá de la polémica, se presentan hechos aparentemente irrefutables: la existencia de cadenas montañosas, rocas milenarias y otros fenómenos geológicos y biológicos que demandan una evolución muy pero muy lenta.
Es más, si por la noche observamos el cielo estrellado, la mayoría de las luces que vemos surgieron hace cientos de miles o millones de años. ¿ Cómo podemos hablar entonces de 5763?
Nuestro Midrash provee la clave para una respuesta armoniosa a este conflicto.
Los Sabios del Midrash se preguntaron dos mil años atrás: ¿Cómo fue creado Adam, el primer hombre? ¿Cómo un adulto o como un bebé recién nacido? Nuestros Sabios afirman en Bereshit Rabbá que Adam fue creado con un cuerpo de 20 años. En su plenitud física.
Ahora bien, imaginemos a un científico que llega a través del túnel del tiempo hasta Adam en el mismo día que éste fue creado. Si le pidiéramos al hombre de ciencia que determine la edad de Adam, ¿Qué diría? Seguramente le atribuiría "entre 18 y 22 años". Y no estaría equivocado. O quizás sí! Pero sólo en parte. Adam tienen un día de edad, pero un cuerpo de 20 años. Fenómeno que sólo se concibe si existe una Creación y si comprendemos que todo fue creado con cierta edad, en las palabras de nuestro Midrash: "en su plenitud".
Para los sabios del Talmud la pregunta del huevo o la gallina está resuelta! Si el mismo científico hubiera cortado el tronco de un árbol y contando sus cincuenta anillos le hubiera atribuido esa cantidad de años. Si partimos de la premisa de la creación, el cálculo del científico sólo estima cuánto tiempo le hubiera llevado al árbol llegar a cincuenta años "si no hubiera sido creado". Del mismo modo, las estrellas fueron creadas por Di-s con su luz ya sobre la Tierra. Y las montañas y las rocas, ya desarrolladas.
Si concebimos que Di-s creo Sus obras en su plenitud, como lo afirma nuestro Midrash, la diferencia entre una y otra edad es sólo ilusoria.
Segundo Midrash
"Rabí Abhú afirma que durante los primeros tres días de la creación, mientras no había sido creado el sol, El todopoderoso creaba mundos y los destruía." (Bereshit Rabbá)
¿A qué se refiere este misterioso Midrash? ¿Qué y cómo lo habrán entendido durante dieciocho siglos?
Algunos puntos de las teorías cosmológicas sólo se contradicen con el relato bíblico cuando se deja de lado el protagonismo del Creador. Pero si partimos de una Creación divina, de pronto muchos datos coinciden y la mayoría de los conflictos desaparecen.
De acuerdo a la astrofísica moderna a partir del nacimiento del universo sólo se generaron 2 elementos: hidrógeno y helio. Más del 99% del universo actual está formado por estas partículas, que son los elementos más livianos. El Big Bang no generó nitrógeno, carbono ni oxígeno. Para que estos átomos, más cercanos a lo orgánico, pudieran surgir, tuvieron que producirse fusiones que los formaron. Pero, ¿Cómo se produjeron estas fusiones, condición sin-e-qua-non para el desarrollo de la vida? Las últimas teorías astrofísicas afirman que estas partículas se pudieron formar solo de una manera: a partir de la explosión de las estrellas, fenómeno conocido por el nombre de supernova. Una vez que una estrella, como el sol, se consume, su masa se concentra sobre su propio núcleo y explota. A este fenómeno se lo denomina supernova. A partir de esta colosal explosión, que también se puede producir por una colisión de estrellas, se produce la fusión de los átomos vitales para la formación de los planetas y la aparición de la vida. ¡No es por una inclinación poética que los cosmólogos afirman que somos polvo de estrellas!
Rabí Abhú parece afirmar algo similar a este proceso en su Midrash: El Todopoderoso construía mundos, estrellas, que luego destruía, explotaban. Nada nos revela el Misrash acerca de los motivos de esta obra del Creador. La Torá, por su parte, afirma que Di-s creó el mundo, pero nada se nos cuenta acerca de los procedimientos que el Eterno utilizó para la Creación. ¿Es posible que el Todopoderoso haya gestado los principios de la vida por intermedio de procesos cosmológicos naturales y que recién hoy comprendemos acabadamente? Esta parece ser la postura de Rabbí Abhú. En su opinión, para crear los elementos vitales el Creador se valió de las supernovas. De la misma manera que cuando abrió el mar Rojo para que el pueblo judío escapara de Egipto, el Creador, según lo describe la Torá, lo hizo a través de fenómenos y procesos "naturales": Di-s hizo que soplara un viento de oriente y simultáneamente otro de occidente. La actuación divina a través de la creación, Su propia obra, no minimiza el milagro. Para la mente judía nunca existió diferencia alguna entre la intervención "milagrosa" de Di-s y Su intervención permanente en la "naturaleza". Lo que caracteriza al milagro es "la ocasión" en la cual sucede y no su sobrenaturalidad.
Las palabras de Rabbí Abhú, que durante siglos permanecieron incomprensibles, a partir de la teoría del "polvo de las estrellas" adquieren otra dimensión.
El tercer Midrash
"La Luz y la oscuridad actuaban simultáneamente, hasta que el Todopoderoso estableció los limites de la luz en el día y de la oscuridad en la noche." (Bereshit Rabbá, citado por Rashí en Bereshit Alef, 4)
La Torá refiere que al ser creado, el mundo se hallaba en un estado caótico. "Ve haAretz Haitá Tohú va Bóhu" "Y la Tierra (recién creada) se encontraba sin forma y sin orden". Qué significa exactamente este "caos", no es muy fácil de saber.
Pero aparentemente nuestro Midrash nos proporciona algún indicio. El Universo, tal como lo conocemos hoy, se rige por ciertas leyes físicas: el comportamiento de la materia, la gravedad, las leyes de la termodinámica, etc. Cuando el científico inicia la proyección inductiva en su búsqueda hacia los posibles orígenes del Universo se basa en esta clara premisa: las leyes físicas que conocemos hoy son eternas e inherentes al Universo.
No podríamos concebir, por ejemplo, que la luz y la oscuridad existan simultáneamente: la oscuridad es la consecuencia de la ausencia de luz. Es una "ley" física o un postulado lógico tan obvio que nadie podría imaginar lo contrario. Con la excepción de este Midrash que afirma lo opuesto!
Para comprender mejor lo que dice el Midrash recurriremos una vez más a Maimónides. En su famoso libro filosófico More nebujim, Maimónides refutaba la teoría aristotélica de un Universo eterno y estático, postura que, a propósito, recién hace pocos años fue definitivamente rechazada por la comunidad científica. En su exposición a favor de un mundo producido ex nihilo por un Creador Supremo, Maimónides afirma que probablemente parte de la dificultad para describir los principios del accionar creativo sea que "las condiciones iniciales" al momento de la Creación hayan sido totalmente distintas y por lo tanto desconocidas para nosotros y contrarias a todo lo que hoy nos parece "natural"
Maimónides nos brinda, al respecto, un fantástico ejemplo en la Guía de los Perplejos:
Si un niño fuera abandonado desde pequeño en una isla desierta, y hubiera crecido sin conocer otras personas ni animales y alguien después de unos cuantos años le preguntara ¿Cómo crees tu que naciste? ¿Podría concebir la posibilidad de un embarazo? De acuerdo a Maimónides, no. El joven afirmaría que es imposible vivir dentro de un vientre sin aire, sin agua, sin alimentos...consideraría que esa teoría se opone a todas las leyes fisiológicas que el conoce.
En otras palabras, dice Maimónides, no sería posible deducir la embriología a partir de nuestros conocimientos de fisiología. Y si tratásemos de hacerlo, llegaríamos a conclusiones absurdas. Las leyes que rigen uno y otro sistema son completamente distintas. De la misma forma, sentencia, el acto de la Creación, de acuerdo al propio relato de la Torá, da cuenta de un estado inicial "caótico", es decir, sin las leyes físicas que conocemos hoy.
La primer ley física que Di-s establece en el mundo, se relaciona con el comportamiento de la luz, la Energía. Los principios de la enigmática física cuántica, diríamos hoy.
La Torá afirma que El Creador distinguió entre la luz y la oscuridad porque sostienen que hasta entonces incluso esta ley lógica y esencial no había sido estipulada. La materia fue creada en estado caótico, el orden y las leyes físicas, fueron un segundo paso.
Este concepto es tan claro para los Sabios del Talmud que cuando hacen referencia a la posibilidad de que el Creador pudiera destruir su mundo dijeron "Volvería al mundo a su caos inicial", al desaparecer las leyes físicas, el mundo se destruiría.
El Midrash que habla de la coexistencia de la luz y la oscuridad afirma que las leyes físicas no son inherentes a la materia, sino un paso posterior. De acuerdo a Rabbí Shelomó Ben Melej, este fue también el proceso que el Creador estableció para la humanidad: primero fue creado el hombre, y hubo caos, y recién después el Todopoderoso le concedió la Torá, Su ley.
Las conclusiones de este Midrash son de largo alcance: nuestro desconocimiento de las leyes físicas "iniciales" no nos permite hacer todas las inferencias desde aquí hacia allá. Ignoramos las condiciones iniciales de la Creación. Aun desde el más complejo observatorio, será imposible deducir acabadamente la embriología del cosmos...
Basado en: "Páginas de Torá uMadá" de Rab Iosef Bittón |