INTRODUCCIÓN El nombre judío no es simplemente una forma de identificar a un individuo, sino un tema de significación, un concepto con contenido espiritual. Lógicamente, hay una estrecha asociación entre el nombre y la persona que lo lleva. Esto es enfatizado frecuentemente en la Torá, los profetas y las Santas Escrituras. Vemos esto en Bereshit 32:27- 28: "El le dijo: '¿Cuál es tu nombre?', Y él dijo: 'Iaacov'. Luego él dijo: 'Nunca más tu nombre será llamado Iaacov, sino Israel, pues tú has luchado con ángeles y con hombres, y has vencido"'. El mismo concepto es recalcado muchas veces en el Talmud. Por la razón precedente, el ponerle el nombre a un recién nacido judío es parte de una empresa sagrada, parte del ciclo de la vida religiosa judía. El varón judío recibe su nombre durante la ceremonia del brit milá (circuncisión), cuando entra al pacto de Abraham Avinu (nuestro padre); una niña recibe el nombre cuando el padre es llamado a la Torá. Si bien es cierto que el varón o la niña judíos son nombrados de acuerdo a la decisión común de los padres, este nombre, sin embargo, recibe su aprobación del Cielo. El nombre es registrado como perteneciente a ese niño para siempre. Es con este nombre que el varón es llamado a la Torá cuando llega al bar mitzvá a los trece años; cuando llega a la edad adulta y se casa, este nombre aparece en la ketubá (acta de matrimonio religioso); este nombre es mencionado en el E-l male rajamim, plegaria que se pronuncia en beneficio del alma después de los 120 años. Así, el nombre acompaña al judío a lo largo de su vida, en todas las ocasiones, sean estas alegres o (Di-s no permita) lo opuesto. Cuando oramos por la pronta recuperación de un enfermo, y cuando pronunciamos la plegaria de mi sheberaj, el nombre judío es nuevamente pronunciado, junto con el nombre de la madre. Cuando la enfermedad es grave, sin embargo, y la vida del paciente está amenazada, el nombre es cambiado mediante el agregado de otro nombre al original. Este agregado de un nombre se hace también dentro de la esfera de la plegaria de mi sheberaj. Se efectúa en la sinagoga, mencionando el nombre completo, el nuevo y el original juntos y rogando por una completa recuperación a su favor. Este cambio de nombre constituye una especie de cambio en la identidad del paciente; esto da la esperanza de que de la misma manera se alterará su suerte; meshane shem, meshane mazal-"un cambio de nombre trae un cambio de suerte". Cuando eligen un nombre para su hijo recién nacido, los padres examinan los nombres. Esto se basa en el precepto de la Torá de que el nombre de los fallecidos no debe ser erradicado de Israel. Ocasionalmente el niño es nombrado como algún estudioso de la Torá, o el más grande tzadík (hombre justo) de la generación, cuya vida estuvo consagrada a la Torá; o una niña es nombrada como alguna gran tzidkanit (mujer justa) cuya vida sirve como ejemplo para el pueblo. Cuando el niño recibe el nombre de un pariente fallecido de acuerdo con la costumbre ashkenazi-también se cumple con la mitzvá de honrar al padre y a la madre. Esta mitzvá es obligatoria no sólo durante su vida, sino también después de su muerte. Es una gran satisfacción para el alma, y proporciona placer a las almas de los padres fallecidos, cuando sus descendientes llevan sus nombres. Especialmente cuando los hijos son miembros apropiados de nuestro pueblo que siguen la tradición de nuestros antepasados. Desgraciadamente hay muchos niños judíos que no conocen su nombre judío, o se avergüenzan de él, ocultándolo tras un nombre no judío. Esto es principalmente culpa de los padres, que educaron a sus hijos de esa manera. Los Sabios dijeron (Bamidbar Rabá 20:22) que una de las razones por las cuales nuestros antepasados merecieron ser redimidos de Egipto fue que ellos no cambiaron sus nombres-continuaron llamándose Reuven, Shimón, Leví, etc. Teniendo en cuenta las diferentes categorías de nombres judíos, ellos pueden ser clasificados generalmente como sigue: - Nombres bíblicos, o sea, nombres mencionados en los cinco libros de la Torá, en los profetas y en las Santas Escrituras.
- Nombres talmúdicos, o sea, nombres que originalmente se encuentran en el Talmud y en Midrashim.
- Nombres que se encuentran en la naturaleza, en el mundo animal, algunos de los cuales también aparecen en las Escrituras, como Java, Rajel, Devorá, Tziporah, Ioná, etc. Hay también nombres del reino animal no mencionados en las Escrituras como nombres de personas, como Arie, Zev, Tzví; estos nombres se originaron en la bendición de laacov, quien aplicó los nombres de varios seres vivientes a las tribus de Israel.
- Nombres que se encuentran en la naturaleza, en el mundo vegetal, algunos de los cuales también aparecen en las Escrituras, como Tamar, etc. Otros de estos nombres son Shoshana, Alón, Oren, Oranah, Aviva, etc.
- Nombres que incluyen el Nombre de Di-s en ellos, y nombres que expresan agradecimiento a Di-s.
- Nombres de ángeles, que fueron adoptados como nombres humanos.
- Nombres secundarios, que a veces están junto con el nombre principal, aunque ocasionalmente están solos.
EL NOMBRE ES LA CAUSA El Talmud dice (Berajot 7 b): "¿Cómo sabemos que el nombre de uno puede causar [sucesos en su vida]? Las Escrituras dicen: 'Ve y mira los trabajos del Señor, Quien puso destrucción (shamot) sobre la tierra' No leamos shamot [destrucción], sino shemot [nombres]". Maharshá explica: "No podemos atribuir al Santo, bendito sea, malos actos como destrucción, por lo tanto los Sabios interpretaron la palabra shamot como shemot, significando que las obras de Di-s son provocadas a través del nombre de la persona, así, el nombre es la causa. Nuevamente en el Talmud encontramos que Rabí Meir hizo deducciones [acerca de una persona] a partir del nombre, pero Rabí Iehudá y Rabí Iosé no dedujeron nada. En otra parte Rabí Itzjak declara: "Los espías [enviados por Moshé a la Tierra de Israel] tenían nombres que reflejaban sus actos". La noción de que el nombre de una persona nos informa acerca de sus actos y carácter, no solo se aplica a gente individual, sino a la generación toda. Así, el nombre del profeta Irmiahu indica que en sus días el Bet HaMikdash quedará arimón [vacío], o que en sus días el juicio severo será nitromemá [te levanta; ambas palabras comparten letras en común con su nombre]. Esto es confirmado en el Zohar, donde el nombre de Irmiahu (quien predijo el castigo) es contrastado con el de leshaiahu, cuyo nombre (que significa "la salvación de Di-s") causará nuestra redención y la restauración de la Luz Divina a su legítimo lugar. El Midrash Tanjuma comenta acerca del versículo: "Recuerda los días del mundo, comprende los años de toda generación" -uno puede examinar los nombres históricos y elegir para su hijo un nombre que pueda resultar en su transformación en un tzadík. Así vemos que el nombre de la persona indica que rasgos puede poseer. De su nombre podemos deducir que clase de persona es y cuales son sus actos. Rabí losef Karo escribió en Maguid Meisharim que una persona llamada Abraham tiende a los actos de bondad, una persona llamada losef es fuerte para resistir la incitación a actos sexuales ilícitos, o también alimenta y mantiene a otros, como hizo losef, quien alimentó y mantuvo a su padre y hermanos. Las Escrituras dicen: "Naval es su nombre, y abominación (nevelá) va con él". También esto es lo que Esav quiso significar cuando dijo: "¿Es por eso que su nombre es llamado laacov? Verdaderamente él me ha engañado (vaiakeveni) dos veces". El Midrash Tanjumá dice que si nuestra generación lo merece, el Santo, bendito sea, mismo dará a cada persona su nombre, y de su nombre nosotros conoceremos su carácter y actos. CONCLUSIÓN Ashkenazi o sefaradí. El nombre de los abuelos vivos o el nombre de los que ya no están. Ester o Mordejai si nació en Purim; Matitiahu o Iudit si nació en Janucá; sin olvidamos de los Menajem o Nejama del mes de Av. Lo que para otros pueblos es algo muy simple, para el pueblo judío no lo es. Poner un nombre a una criatura es algo que va mas allá de una simple denominación, es hacer que la criatura recién nacida se convierta en un nuevo eslabón de esa larga cadena dorada que llega hasta el Patriarca Abraham. Quizás lleve el nombre de algún abuelo o abuela, que a su vez lo llevaba por su abuelo o abuela, y este a su vez... y así cada generación que llevó ese nombre revive con cada recién nacido. Como dijimos antes, para el pueblo judío no es sencillo nombrar a un recién nacido, y es nuestra responsabilidad que la cadena de oro no se rompa. Extraído de: Introducción a '¿Que Hay en Un Nombre?' del Rab Zushe Wilhelm, Editorial Bnei Sholem |